EL SUPREMO AMPARA LA DESHEREDACION AL HIJO POR MALTRATO PSICOLOGICO A SUS PADRES

1wPor desgracia corren tiempos en que el afecto entre padres e hijos se debilita, y no faltan ejemplos en que los hijos maltratan a sus padres y sólo se acuerdan de ellos cuando llega el momento de heredar, pero entonces, pueden tropezarse con que el fallecido se cuidó de desheredarlos expresamente en el testamento.

Hay que partir de que el derecho español contempla el conocido derecho de los hijos a una parte legítima de la herencia, pero eso no impide que pueda existir causa de desheredación, al amparo del art.853 del Código Civil, y entre ellas el maltrato psicológico.

Esta causa ha sido perfilada por una reciente  Sentencia de la Sala civil del Tribunal Supremo de 13 de mayo de 2019 (rec.466:2016) .

Dicha sentencia concluye afirmando que dentro de “haber maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra” (art.853 Código Civil) se encuentra el maltrato psicológico, o sea, aplica un concepto mas amplio que el literal del Código Civil. Veamos el caso.

La sentencia afronta el caso de una madre cuyo testamento se hace a favor de un hijo y deshereda expresamente a los otros dos, haciendo constar en testamento:

“[…] I. Que su hijo, Raimundo , le ha manifestado reiteradamente que está llena de maldades y brujerías, y que la casa, igual que ella, está también embrujada y llena de maldades, dejándola sola y abandonada, no obstante estar grave como consecuencia de una enfermedad crónica que padece desde hace más de diez años, que se ha ido agravando paulatinamente, causándole una movilidad muy reducida y obligándola a desplazarse en una silla de ruedas.

II.- Qué su hijo Lázaro , le atribuye la responsabilidad de todos los males que, según él, ha padecido en la vida, y le niega formal y expresamente su condición de madre, careciendo de interlocución alguna con él, hasta el punto de haber intentado la testadora felicitarle el día de su cumpleaños y sufrir el desplante de que le colgara el teléfono”

elderly-abuse-statistics-1024x464La sentencia de instancia, confirmada en apelación, desestimó la demanda de los excluidos pues “consideró acreditado que los demandantes habían incurrido en un maltrato psíquico contra su madre a lo largo de los años, particularmente en los últimos años de su vida cuando ya estaba enferma, con una conducta de menosprecio y abandono. También consideró acreditado que no había habido una reconciliación con su hijo Raimundo , que residió en casa de su madre durante sus últimos meses de vida por razones económicas y no de cuidados y asistencia para con su madre.”

Cuando los hijos excluidos recurren ante el Supremo, la Sala Civil desestima el recurso, pese a que intentaban hacer prevaler el testimonio de una testigo y documentos que a su juicio evidenciaban que  no había tal maltrato.

El Supremo deja claras dos cuestiones.

La primera, una cuestión procesal pues apreciar la existencia del maltrato psicológico de los recurrentes hacia la testadora ha de resultar “desde una valoración conjunta de la extensa prueba practicada (testificales y documentales)”, la cual cae bajo la sana crítica. En otras palabras, bajo el criterio del juez a la vista del conjunto de pruebas. Además los recurrentes intentaron aportar otros documentos que supuestamente revelaban la buena sintonía de los hijos con la madre pero el Supremo considera inaceptable que “Los recurrentes pretenden desvirtuar la declaración de voluntad contenida en el testamento por hechos ajenos a la misma que no integran o complementan la voluntad testamentaria”. O sea, que si el testamento los excluyó, ahí quedó clara la voluntad de la finada.

1qLa segunda, una cuestión material pues precisa que “el maltrato psicológico se configura como una injustificada actuación del heredero que determina un menoscabo o lesión de la salud mental del testador o testadora, de forma que debe considerarse comprendida en la expresión que encierra el maltrato de obra en el art. 853.2 CC .

 

De modo que, la sentencia considera acreditado que ambos hermanos incurrieron en una conducta de menosprecio y abandono familiar respecto de su madre, sin justificación alguna y sólo imputable a los mismos, y el Supremo advierte que dentro del “maltrato de obra” debe entenderse el “maltrato psicológico”.

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